lunes, 28 de diciembre de 2009

lunes, 7 de diciembre de 2009

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Bibliografía SEGUNDO CICLO


1.- Rosalinde tiene ideas en la cabeza. Cristine Nöstinger. Ed. Alfaguara.
2.- Ámbar está superfuriosa. Paula Danziger Ed. Alfaguara
3.- Los mayores me dan miedo. Virginia Dumont. Ed. SerreS.
4.- Madisú. Cristine Nöstinger. Ed. Gaviota.
5.- El secreto de los gemelos. Carlos Puerto. Ed. La Gaviota.
6.- La magia del cometa. Carlos Puerto. Ed. Gaviota
7.- Los despistes de Matías. Marjaleena Lembcke. Ed. Edelvives
8.- Renata juega al príngate, al balón y etcétera, etcétera, etcétera. Ramón garcía
Domínguez. Ed. Edelvives.
9.- Renata toca el piano, estudia inglés y etcétera, etcétera, etcétera. Ramón garcía
Domínguez. Ed. Edelvives.
10.-Por tu bien. Jean Lemieux. Ed. Edelvives.
11.- Mi hermana es un poco bruja. Carlos Puerto. Ed. Edelvives.
12.- Arañas a media noche. Dagmar Mueller. Ed. Edelvives.
13.- Memorias de una gallina. Concha López Narváez. Ed. Anaya.
14.- La aventura de Zorro. Manuel L. Alonso. Ed. Anaya
15.- Cleta y Domitila. Lola Súarez. Ed. Edelvives
16.- La padreteca. Dennos Whelehan. Ed. Edelvives.
17.- El duende robot. Fernando Alonso. Ed. Gaviota
18.- El mensajero del tiempo. Carlos Puerto. Ed. Gaviota
19.- Max se dedica a la politica. Brigitte Smadja. Ed. Gaviota.
20.- He decidido llamarme Max. Brigitte Smadja. Ed. Gaviota.
21.- Cuentos con sentidos. Ángeles Jiménez. Ed. Gaviota.
22.- Julie en el campo de fútbol. Renate Welsh. Ed. Gaviota.
23.- Billy y el vestido rosa. Anne Fine. Ed.Alfaguara.
24.- Ámbar en cuarto y sin su amigo. Paula Danziger. Ed. Alfaguara.
25.- ¿Seguiremos siendo amigos? Paula Danziger. Ed. Alfaguara.
26.- Juan, Julia y Jericó. Cristine Nöstlinger. Ed. Alfaguara
27.- Ojos de botella de anís. José Cañas. Ed. Everest.
28.- Gente muy diferente. Ana María Machado. Ed. Everest
29.- Antonio en el país del silencio. Mercedes Neuschäfer-Carlón. Ed. Everest
30.- Las trenzas de Luna. Alfredo Gómez Cerdá. Ed. Everest.
31.- La rebelión de los conejos mágicos. Ariel Dorfman. Ed. Anaya.
32.- Versos vegetales. Antonio Rubio. Ed. Anaya.
33.- Orión y los animales magos. Joan manuel Gisbert.
Ed. Anaya.
34.- Juana Calamidad y la casa encantada. Paco Climent. Ed. Anaya.
35.- El gran amor de una gallina. Concha López Narváez. Ed Anaya.
36.- Juana Calamidad contra el Hombre – Lobo. Paco Climent. Ed. Anaya.
37.- Aventuras de Picofino. Concha López Narváez. Ed Anaya.
38.- La gallina que pudo ser princesa. Carles Cano. Ed. Anaya.
39.- Los negocios del señor gato. Gianni Rodari. Ed.Anaya
40.- María Guiniguada. Chema Hernández. Ed. Anaya
41.- Cuentos para todo el año. Carles Cano. Ed. Anaya.
42.- Los chicos y las chicas. Brigitte Labbé y Michel Puech. Ed. SM
43.- ¡Casi medio año!. M.B. Brozon. Ed. SM
44.- Un secuestro de película. Enrique Páez. Ed. SM
45.- Apareció en mi ventana. Alfredo Gómez Cerdá.
46.- Una bruja en casa. Ulf Stara. Ed. SM


http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/webdgoie/docs/0809/Innovacion/bibliografia_infatil_primaria.pdf


martes, 17 de noviembre de 2009

Granada usa culebras de plástico contra los pájaros molestos

El Ayuntamiento usará serpientes de pega en las alturas para espantar a los estorninos

JUAN ENRIQUE GÓMEZ | GRANADA



En Granada habrá que hacer réplicas de culebras que viven en la península Ibérica
La plaga de estorninos ha convertido las plazas de la Trinidad y Bibrambla en espacios inhabitables e intransitables a primeras horas de la mañana y al final de cada tarde, donde el olor a excrementos se hace difícil de soportar. Para erradicarla, el Ayuntamiento de Granada aplicará un curioso sistema procedente de Australia: colocar serpientes de plástico en los árboles que utilizan como dormideros, con la esperanza de que la presencia de estos depredadores los ahuyente.
En la localidad australiana de Tamworth padecían el mismo problema, tremendas plagas de estorninos que se adueñaron de las arboledas del núcleo urbano. Un vecino pensó que si en el campo las serpientes eran el principal depredador de estas aves, tendría que funcionar asustarlas con la presencia de reptiles, aunque fuesen réplicas hechas con goma y plástico. Se puso en práctica y la fórmula ha tenido éxito.
Ahuyentar a los estorninos con serpientes en Granada puede que dé resultados nulos, ya que mientras en Australia habitan decenas de especies de serpientes, en España y Europa el número de especies es muy reducido. Sólo hay cinco clases de serpientes, de las que la víbora es la realmente venenosa para el hombre, aunque el resto, como la de Cogulla y la de escalera, también son letales para las aves. Aquí tendrían que hacerse réplicas de estas especies, ya que los estorninos de esta zona las entenderán como depredadores, y no se asegura que se atemoricen ante una serpiente que habita en Australia.

lunes, 19 de octubre de 2009

El zurrón que cantaba

El zurrón que cantaba


Para muchos, el mejor cuento popular español. Es cuestión de gustos. Este cuento está difundido en múltiples versiones y aparece con distintos nombres, pero en todos late la cruel, realista y picaresca historia de “El Hombre del Saco”. Cuento admonitorio sobre los peligros que acechan a los niños y canalizador de los miedos y terrores que ellos sufren.

Cristina hizo de niña y las ilustraciones que Roser Capdevila realizó para la edición de Algaida fueron reducidas a siluetas y, luego, tratadas con acuarelas. De Albéniz, Rapsodia Española, la música.









Érase una vez una pobre mujer que sólo tenía una niña a la que quería mucho. Un día le regaló unos zapatitos de charol.
Cierto día la mandó a buscar agua a la fuente con un búcaro. La niña obedeció y cuando llegó a la fuente, se quitó los zapatitos para que no se le mancharan. Pero junto a la fuente estaba sentado un mendigo, viejo y muy feo, que llevaba un enorme zurrón y que no dejaba de mirar a la niña con ojos perversos. La niña, que se había dado cuenta de cómo la observaba, sintió miedo, limpió y llenó su búcaro y emprendió el camino de regreso a su casa.
Cuando llegó a su casa se dio cuenta de que había olvidado sus zapatitos junto al pilón. La niña volvió para recuperarlos. Pero cuando llegó, el mendigo todavía estaba allí y los zapatitos habían desaparecido.

- ¿Andas buscando algo, pequeña?
- Sí. Había olvidado en el pilón unos zapatitos de charol. Venía a recogerlos.
- ¡Ah, eran tuyos! Has tenido suerte. Yo te los he guardado.
- ¡Si! ¿Dónde están?
- Aquí, en mi zurrón. Ven a recogerlos; no tengas miedo... Ahí, en el fondo del zurrón los encontrarás. Recógelos tú misma.

Y la niña metió la mano en el zurrón, y en ese momento el viejo la empujó y la metió adentro.
Luego ató con una cuerda la boca del zurrón y se lo cargó al hombro. La niña gemía y suplicaba que la sacara de allí y el viejo le decía:

-¡Nunca más verás a tu madre! ¡Deja de llorar! Y, si quieres comer, tendrás que cantar cuando yo te diga:
"Canta, zurrón, canta,
o, si no, te doy con la palanca."

Y así se la llevó por los pueblos para ganarse la vida. A todas las partes que llegaba, en vez de pedir limosna, colocaba el zurrón en medio de la plaza y le decía:
"Canta, zurrón, canta,
o, si no, te doy con la palanca."

Entonces la niña se ponía a cantar:

- “En un zurrón voy metida,
en un zurrón moriré,
por culpa de unos zapatos
que en la fuente me dejé.”


Cantaba tan bien la niña, que todos querían oírla y el viejo fue llenando sus bolsillos con las monedas que le daban a cambio de hacer cantar el zurrón.

Pasó el tiempo y un día el viejo volvió al pueblo de donde era la niña. Quiso el azar que colocara el zurrón delante de la puerta de la casa de la madre de la niña. La niña comenzó a cantar y su madre reconoció su voz. Entonces ella dijo:

- Buen hombre, no tengo dinero que darle... Pero como es tarde y amenaza lluvia, podéis cenar y pasar la noche en mi casa.

El viejo aceptó y tras la cena se quedó dormido como un lirón. Entonces la madre abrió el zurrón, sacó a su hija y se la comió a besos. Le dio de comer, la acostó y la arropó cálidamente en su cama.
Pasaban por allí un perro, un gato y un conejo. Metió dentro del zurrón al perro y al gato, y dejó libre al conejo porque los conejos no hacen daño a nadie.
A la mañana siguiente, el mendigo se despidió y emprendió su camino. Y a la puerta de una casa dijo:
"Canta, zurrón, canta,
o, si no, te doy con la palanca."
En aquel momento, el perro y el gato que estaban dentro de zurrón dijeron:

- Viejo pícaro:¡Guau, guau!
- Viejo perverso:¡Miau, miau!

El malvado mendigo, creyendo que era la niña quien eso decía, abrió el zurrón para pegarle con la palanca. Entonces el gato se abalanzó sobre él y le sacó los ojos; mientras el perro de un mordisco, le arrancó la nariz.

Y colorín, colorado, este cuento se ha terminado.









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